21 febrero, 2014

Se recomienda volver paulatinamente a la rutina alimenticia habitual.
Durante los meses de verano se generan diversos cambios alimenticios que afectan a las personas. Estos cambios puedes ser producto del tiempo, tipos de comidas, ingesta de alcohol, entre otras cosas.

A pocas semanas de comenzar el período escolar, el nutricionista y jefe de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad Viña del Mar, Claudio Nuñez, se refiere a cómo volver al ritmo y hábitos alimenticios en especial en los más pequeños de la casa.

¿Se alteran los hábitos alimenticios de los menores en el verano?

En diciembre la mayoría de los escolares comienzan sus actividades vacacionales y con ello los hábitos alimentarios sufren las consecuencias, los horarios se modifican, las cantidades tienden a aumentar, la variedad de alimentos se disminuye y en resumen las minutas alimentarias acorde a sus requerimientos y necesidades de su edad se ven modificadas, a raíz de esto, tanto padres como hijos se ven sometidos a drásticos cambios en el período estival y en ocasiones, podrían surgir algunos inconvenientes.

¿Cómo los padres pueden cambiar paulatinamente estos hábitos veraniegos antes de volver a clases?

Es recomendable que las semanas previas al inicio de clases, se comience a retomar la rutina alimenticia que se pretende realizar durante el año, en cuanto a horarios y tipos de comida sobretodo el desayuno, en horario y calidad alimenticia.

Planificar con tiempo ayuda a que el cambio de horario y estación de verano a otoño sea más fácil. Podemos utilizar algunos recursos que nos ayudarán a prepararnos para el regreso de nuestros hijos de vuelta a clases, y también seguir estos sencillos consejos a lo largo del año
escolar: fijar hábitos para dormir, supervisar las tareas escolares, alentar la actividad física y buena alimentación.

¿Cuáles son los alimentos recomendados para fomentar la concentración y salud de los niños?

Para tener un mayor rendimiento cerebral es necesario llevar una alimentación adecuada, que nos ayudará a tener mejor memoria y mayor facilidad de concentración. El cerebro, al igual que los músculos o los órganos del cuerpo, reacciona a la comida que tomamos y es por esto que, según los alimentos que elijamos, rendirá de una manera u otra. Este tiene preferencias por ácidos grasos como el omega-3 (fuente de alimentos pescados como atún, sardina, anchoa y salmón), los antioxidantes y la fibra ( frutas y verduras frescas).

El cerebro necesita para su buen funcionamiento de algunos minerales tales como, silicio (fuente alimentaria harina de avena integral, salvado de trigo, espinacas, perejil, tomates. plátano), fósforo (leche) y magnesio (avellanas y frutos secos).

La glucosa es el combustible principal para el cerebro. La conseguimos de azúcares y carbohidratos, pero no debemos excedernos en su consumo, ya que un exceso, además de provocar un aumento de peso, resiente la memoria y favorece las hipoglucemias. Es mejor buscar alternativas como frutas.

Las proteínas de origen animal, principalmente los pescados y mariscos, ayudan con la regulación de la capacidad intelectual y del estado de ánimo.

¿Qué componentes debe tener una dieta adecuada?

Una buena dieta debe incluir un aporte adecuado de minerales, en virtud de los beneficios que éstos ofrecen al organismo. El calcio, por ejemplo, interviene en la transmisión de los impulsos nerviosos; el hierro, influye en el rendimiento y en el transporte de oxígeno a las células; y el zinc, está relacionado con la actividad de los neurotransmisores.

El hierro se encuentra en carnes, vísceras, legumbres y frutos secos. Por su parte, los crustáceos, la carne de cordero y las leguminosas son alimentos ricos en zinc.

El ajo y la lecitina de soja también son muy saludables y aconsejables. Las algas marinas nos ayudarán a evitar el hipotiroidismo y la acumulación de metales pesados, que también pueden ser responsables de una disminución intelectual.

¿Qué comida deben evitar los niños?

Por una parte los principales alimentos que deben evitar los niños son los altos en azucares refinados, como son dulces, golosinas, bebidas, jugos azucarados, chocolates y helados aumentando la hiperactividad del niño e interrumpiendo la concentración al estudiar.

Por último, siempre es aconsejable evitar al máximo el consumo de grasas saturadas como son las comidas rápidas y los snacks.

Fuente: UVM

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