25 febrero, 2014

 Felipe Besoaín, director de la Escuela de Ingeniería en Bioinformática, destacó el logro científico alcanzado por Alex Di Genova, el primer titulado de esa carrera. “Para nosotros esto es un orgullo”, afirmó el académico.

Nuevas posibilidades para mejorar la producción, almacenamiento y distribución de la uva blanca de la variedad Sultanina, surgieron gracias a la labor de un grupo de científicos que analizó y describió el genoma de esta fruta de exportación. El equipo de investigadores fue liderado, entre otros, por el ingeniero en Bioinformática Alex Di Genova, quien ingresó a la Escuela de Bioinformática de nuestra Universidad el año 2003.

Actualmente, Di Genova desarrolla proyectos científicos en la Universidad de Chile, en el Laboratorio de Bioinformática y Matemática del Genoma, perteneciente al Centro de Modelamiento Matemático de la U. de Chile.

Este trabajo científico se publicó recientemente en la revista BMC Plant Biology. Junto con secuenciarse el genoma de la uva Sultanina (o ‘Thompson Seedless’), el equipo de investigadores creó el primer catálogo de variantes genéticas estructurales de este fruto. Se comparó la uva de mesa con la uva de vino, y se desarrolló una nueva y poderosa herramienta para estudios genómicos en cultivos frutícolas.

“Para nuestra Escuela esto es un orgullo, ya que Alex fue uno de nuestros primeros egresados y hoy ha cumplido un rol integrador dentro de ese grupo multidisciplinario de científicos. Esto además muestra el posicionamiento ejemplar que han tenido nuestros egresados en su medio, validando a nuestros estudiantes y sembrando oportunidades y necesidades para los próximos años”,  afirmó el director de la Escuela de Ingeniería en Bioinformática de la UTALCA, Felipe Besoaín.

También integraron el proyecto Carol Moraga y Dante Travisany, ingenieros en bioinformática titulados en la Universidad de Talca.

Besoaín destacó que la U. de Talca fue la primera en impartir esa carrera en Chile y Latinoamérica en 2003.

LOGRO CIENTÍFICO

La uva Sultanina caracterizada por no tener semillas (o pepas), es la segunda variedad de mesa más exportada por nuestro país, que a su vez es el principal proveedor extranjero de este producto para naciones como Estados Unidos y China.

El proyecto de investigación contó con el apoyo de Conicyt a través del programa FONDAP, el programa Genoma Chile y los programas de Financiamiento Basal, y fue realizado por científicos del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA); el Centro de Modelamiento Matemático (CMM) de la Universidad de Chile, el Centro FONDAP para la Regulación del Genoma (CRG) y el Centro de Biotecnología Vegetal de la UNAB.

“El año 2011 firmamos un acuerdo de colaboración con el INIA para con el objetivo de desarrollar investigaciones conjuntas relevantes para el país. En ese entonces no se disponía del genoma de la uva Sultanina, lo que constituía una herramienta fundamental para identificar los genes de esa variedad que no desarrolla semillas”, explica Alex Di Genova, científico del Laboratorio de Bioinformática y Matemática del Genoma, perteneciente al CMM de la U. de Chile.

Diez investigadores -entre bioinformáticos, ingenieros matemáticos, genetistas y agrónomos-  desarrollaron las herramientas y los experimentos para llevar a cabo el estudio.

“Ha sido una experiencia bastante enriquecedora, con científicos de Biología, Agronomía, tecnólogos y también dos ingenieros bioinformátiocos que fueron compañeros míos de la U. de Talca: se trata de Dante Travisani y Carol Moraga. Así se formó un gran grupo multidisciplinario”, agregó Di Genova.

CADENAS DE GENES

Una vez descrito el genoma, se analizaron las cadenas de genes de la Sultanina y se compararon con otro genotipo de vides de vino, emparentado con la variedad Pinot noir. De esta forma se logró establecer que el genoma de la uva de mesa, se parece en más de un 80% al de la uva de vino. Sin embargo, posee variaciones importantes. Además, se identificaron 240 genes nuevos y grandes diferencias genéticas entre ambos tipos de uva, entre las cuales estarían las responsables de la falta de semillas.

La secuenciación genómica constituye un gran aporte para estudios de la uva y su mejoramiento en el futuro y evidencia la gran capacidad de organización entre grupos de científicos chilenos para realizar investigaciones de nivel nacional.

“Esta experiencia nos permite ahora estar en otros proyectos que son interesantes para la sociedad chilena, tales como el secuenciamiento humano o de peces altiplánicos”, sostuvo Alex Di Genova.

Fuente: UTalca

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