30 septiembre, 2015

Aunque la comunidad internacional ha mostrado su asombro por la resistencia de las construcciones chilenas ante terremotos de gran magnitud e intensidad, en nosotros constituye un signo de que se cumplen las disposiciones para edificar. Así lo afirma la académica del Departamento de Ingeniería en Obras Civiles de la Universidad de Santiago, Paulina González, quien enfatiza que  la caída de los dos edificios en el contexto del mega terremoto del 27F de 2010, uno en Maipú y otro en Concepción, constituyen excepciones.

El 16 de septiembre pasado, un terremoto de 8,4 en escala Richter remeció al país, con epicentro a 46 kilómetros de Canela Baja, en la Región de Coquimbo. Las cifras hablan de 13 personas fallecidas y seis desaparecidas. Y las pérdidas materiales fueron mínimas, gracias al efectivo plan de contingencia que incluyó la evacuación más de 600 mil personas de la zona costera, producto que se decretó alerta temprana de tsunami.

En ese contexto, el mundo quedó impactado por lo preparado que está nuestro país para enfrentar eventos telúricos de este nivel. Más aún cuando el saldo de fallecidos fue dispar respecto a otras naciones que últimamente han experimentado algún sismo, y donde la cifra es considerablemente diferente. Por ejemplo, en enero de 2010, 316 mil muertos dejó el terremoto en Haití (7 grados) y 8 mil el de Nepal (7,9 grados) en 2015.

 Hasta la fecha, más de 500 réplicas se han producido en nuestro país tras el terremoto. Dos, de más de 7 grados, y 16 del orden de los 6.

Pese a ello, para la académica del Departamento de Ingeniería en Obras Civiles de la U. de Santiago y experta en análisis sísmico, Paulina González, es normal que se produzcan las réplica, por lo que no es de extrañar que se sigan prolongando en el tiempo.

“Las réplicas se definen como un evento sísmico que tiene una magnitud un grado inferior al evento principal”, explica la experta. Añade la especialista, que éstas “en intensidad, magnitud y  tiempo, van a ser cada vez más esporádicas”; sin embargo, “dada la magnitud del terremoto, pueden durar fácilmente un año”.

Agrega, de hecho, que es positivo que se produzcan ya que “si se hubiera liberado toda la energía de una vez, habría sido un megaterremoto”.

 Diseño Regulado

Para Paulina González, no es extraño que, en general, los edificios en Chile resistan grandes movimientos telúricos. Enfatiza la especialista que para el terremoto del 2010, “los casos del Don Tristán, en Maipú, y el Alto Maipo, en Concepción, fueron ejemplos aislados”.

En esa línea, explica González, en Chile hay una norma de diseño sísmico de edificios, que debe ser usada por ley. “Está indicado en la Ley General de Urbanismo y Construcciones, que para calcular los edificios se debe ocupar la norma Nch433, la cual es revisada cada vez que ocurre un terremoto, para irla actualizando con los avances tecnológicos que se producen en el tiempo”, explica la experta.

Añade que, “desde que existe la norma Nch433, se ha hecho un buen diseño, y se considera adecuadamente la fuerza con que hay que diseñar los edificios para que tengan capacidad sismorresistente”.

Norma marcada por la experiencia

“Desde el año 1939, en adelante, se han usado reglamentos de diseño sismorresistente, entonces siempre ha habido en Chile, como es un país altamente sísmico, reglamentos”, afirma Paulina González.

Añade la académica, que en el año 1939, después del terremoto de Chillán, y dado la devastación que produjo, “se empezó a ocupar un código provisorio, y cuando la norma se iba a oficializar, ocurrió el de 1960, en Valdivia. Entonces, se siguió usando ese código provisorio y, finalmente, la norma Nch433 se hizo oficial en 1972”.

Añade que “estaba vigente la del 72 cuando ocurrió el terremoto de1985 y se hizo una revisión. Se actualizaron varias cosas, no solo el tema de las fuerzas para diseñar, sino que modernizó lo que se refiere al cálculo de la fuerza, los modelos estructurales y otras modificaciones que modernizaban la norma”.

 Un país preparado

Que no se caigan los edificios en Chile, va de la mano de un apego estricto a la regulación. “El ingeniero que no respeta la ley, va preso. Si se descubre que el calculista no ocupó la norma Nch 433, está cometiendo un delito”, enfatiza Paulina González.

En ese sentido, la académica cree que los buenos resultados se deben a que la norma, efectivamente, cumple su propósito, el cual consiste en que los inmuebles resistan, de forma satisfactoria, grandes eventos telúricos.

“Si uno hace la comparación de los daños, y los edificios colapsados, nuestra norma está muy bien calibrada y adecuada a la sismicidad de nuestro país”, concluye la experta.

Fuente: USACH

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