1 diciembre, 2016

Gran porcentaje de los buenos (o malos) resultados de los hijos se debe a la influencia parental. Someterlos a presión extra poco y nada ayuda en una buena perfomance. Y si bien no existe la receta mágica, expertos coinciden que el diálogo y la estimulación son buenas herramientas para alcanzar las metas propuestas.

Diciembre es el mes de los balances. Instituciones, gobierno, parlamento y sobre todo, las personas, realizan un análisis sobre lo bueno, lo malo y lo feo que deja el año que se va. Y por cierto, los estudiantes también hacen sus propias reflexiones para analizar su trabajo: qué se hizo bien, qué se hizo mal y cómo se puede mejorar, especialmente en lo que a rendimiento académico se refiere.

Para quienes rinden la PSU y deben optar por una carrera universitaria, el sistema escolar chileno pone a diciembre como un mes particularmente estresante y crítico, lo que puede generar que muchos se sientan presionados, incluso por sus padres, que en ocasiones incurren en actitudes que, en vez de estimular a sus hijos, pueden causarles estrés, tensión extra o frustración.
“Los estudiantes de Enseñanza Media tienden a pasar por lo menos por tres carreras como opción, las que pueden ser muy distintas entre sí. Y esto, a diferencia de lo que muchos piensan, no es tan raro. Son pocos los casos de jóvenes que en primero medio tienen clara su elección”, indica Marcela Aracena, orientadora pedagógica de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad San Sebastián.

La experta explica que “si consideramos que hay estudios que indican que las nuevas generaciones van a cambiar de ámbitos laborales por lo menos unas tres veces en su vida, el miedo a equivocarse no tiene mucha razón de ser”.
Similar opinión expresa la académica Margarita Sandoval, de la Facultad de Psicología de la Universidad San Sebastián, en su sede Concepción. Para la profesional, “la tensión y estado de alerta permanente contribuyen a perjudicar la salud mental y física, generando síntomas psicosomáticos –como cefaleas, trastornos digestivos, problemas dermatológicos–; ansiosos, depresivos, insomnio; desadaptación socioemocional, y baja autoestima, fracaso escolar y trastornos de conducta. Además puede tener efectos a largo plazo en el autoconcepto y autoestima, base de la personalidad”.

Cómo ser exitoso en el estudio

El académico de la Facultad de Psicología de la Universidad San Sebastián, Roberto Sepúlveda señala que las mejores calificaciones pasan por el logro de un aprendizaje significativo, lo que implica asociar los contenidos previos como también percibir la relación entre los diversos contenidos de una misma unidad de estudio.

En segundo lugar, “se aprecian los buenos hábitos de estudio, es decir, la capacidad de organizar y planificar la forma de acercarse a un nuevo conocimiento, la búsqueda de espacios para disponer de los materiales de trabajo y el manejo del tiempo. En tercer lugar, entran a jugar los denominados factores ambientales, en especial dentro del hogar, donde los modelos de identificación con los padres representan un factor determinante. Así, cuando los hijos ven a sus adultos interesados y deseosos tanto de aprender como de comprender las cosas que ocurren, son un gran factor motivador para un alumno que puede enseñar lo que aprende a un público-familia interesado en escuchar lo que se les quiere enseñar. Eso alienta y desafía al estudiante a organizar la información y delinear una forma de entregar lo que sabe.”, enfatiza Sepúlveda.

En cuarto lugar, apunta que aquellos con más posibilidades de éxito académico poseen un alto interés por desarrollar relaciones de vínculo con sus profesores, dentro de un marco donde se sienten comprendidos e inspirados por la autoridad pedagógica de un docente. “Esto estimula mayores niveles, por un lado, de autoeficacia como también de apoyo social percibido, factores que la literatura científica ha mostrado la relación que tiene con el logro de mejores niveles de logro del aprendizaje”.

Cómo prevenir el estrés a temprana edad

La académica Margarita Sandoval advierte que “se tiene el supuesto de que el mayor rendimiento escolar es una garantía de éxito en la adultez, dejando de lado otros aspectos del desarrollo”. Por eso, para la experta es fundamental propiciar una personalidad equilibrada y las bases de un adecuado desarrollo psicológico, afectivo, social y cognitivo, respetando los ritmos y capacidades de cada niño en particular, su individualidad y sus diferencias.

Cambiar desde una mirada competitiva a una cooperativa, logra que los niños mejoren su sentido de autoeficacia, desarrollen habilidades sociales, afectivas y cognitivas, por lo tanto, mejora también el autoconcepto y autoestima. Esta es una forma respetuosa de crianza, considerando las necesidades de los niños y estando conscientes de las nuestras como padres, de tal manera de no proyectar nuestros deseos y conflictos en ellos”.

En ese sentido, la académica entrega algunas recomendaciones:

  • Promover tiempos de esparcimiento y diversión. Los niños se desarrollan, expresan, liberan energía y aprenden a través del juego, por lo que es una necesidad. Llenarlos de actividades escolares impide que jueguen y, por lo tanto, es un riesgo para la salud mental y desarrollo de las relaciones afectivas.
  • Promover hábitos de alimentación, sueño y ejercicio físico.
  • Promover la autoestima. Los padres deben preocuparse por lo que hace su hijo y fomentar sentimientos de poder y autonomía. Deben crearse expectativas acordes con las características del niño; apoyarlo en los proyectos, aunque sean insignificantes a nuestros ojos.
  • Fortalecer la autoeficacia. Debe sentir que es competente para resolver problemas y enfrentar las dificultades. Saber que el pedir ayuda no lo hace ser menos. Los padres deben estar dispuestos a apoyarlos en la búsqueda de soluciones, pero no resolver por él/ella.
  • Humor. Es el estado contrario al estrés. Sonreír libera tensiones y produce bienestar. Hay que cuidar que el niño no sienta que se ríen de él, sino que comparten un clima divertido. El juego en familia es una excelente instancia para esto.
  • Relaciones afectivas. El vínculo entre padres e hijos es más importante que cualquier nivel de rendimiento. Ser cariñoso, demostrar afecto, estimular y reforzar sus esfuerzos son acciones fundamentales. Ellos necesitan saber que sus padres son incondicionales y los aceptan con sus cualidades, debilidades y diferencias. Que son amados aunque no cumplan todas sus expectativas.

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