22 diciembre, 2017
  • El envejecimiento positivo debe entenderse como un proceso que considera al adulto mayor como un sujeto activo, saludable y con una funcionalidad y autonomía casi plena. El reconocimiento de su identidad como tal y el desarrollo de redes que trasciendan a su propia generación, son los desafíos futuros para la vejez en Chile.

Cuando se habla de adulto mayor en el país, es común que se asocie o se piense en enfermedad o discapacidad, pero no es así. La mayoría de las personas mayores de 65 años se encuentran activas, pero faltan todavía más espacios para que puedan  socializar y desarrollar todas sus potencialidades.

Esas fueron las principales conclusiones del Coloquio de Envejecimiento Positivo del Adulto Mayor organizado por la Facultad de Enfermería de la U. San Sebastián. Al respecto, Hernán Zapata, jefe de la División de Gestión y Coordinación Territorial del Senama y encargado del Fondo Nacional para el Adulto Mayor, señaló que hay que tener claras las tres dimensiones básicas de las personas que están en esta etapa de la vida, para poder enfocar las políticas públicas.

“Una de ellas es la salud funcional y las conductas autónomas en los adultos mayores. Lo segundo es la posibilidad de participar y lo tercero es su bienestar. Porque antes se hablaba de envejecimiento activo y saludable, pero ahora esas dos concepciones están bajo la nueva mirada”, sostuvo el experto.

Por su parte, Doris Sequeira, coordinadora de la Red de Enfermería en Salud del Adulto Mayor y doctora en Gerontología Social de la Universidad de Granada, afirmó que el envejecimiento tiene que ver más que nada en “cómo vemos y apreciamos este proceso y lo que ve la sociedad, porque la vejez no es algo que se sufra”.

En esa misma óptica, Luz Berríos, actriz diplomada en Atención Gerontológica de la Universidad Católica de Chile. Expone su experiencia, los adultos mayores siguen disfrutando de su vida aún con algunas limitaciones o enfermedades. En su labor teatral se ha encontrado con casos extraordinarios como “una alumna que tenía Parkinson y otro con cáncer que estaban mostrando su trabajo y aprendiendo nuevas técnicas de actuación”.

Para la directora de la carrera de Enfermería de la USS, Soledad Camus, el tránsito de la población mundial hacia la vejez constituye un escenario que “exige a los profesionales de la salud un enfoque preventivo y que se traduce no sólo en la mantención de las funcionalidades, sino también de la promoción de un envejecimiento saludable y con buenas redes de apoyo”.

Estereotipos y redes

Doris Sequeira dijo que hay varios estereotipos que se deben dejar de lado. Uno de ellos, tiene que ver con que “la vejez es sinónimo de enfermedad, soledad o que son todos abuelos”.

A su juicio, “la soledad es una experiencia que está compuesta por muchas vivencias y alguien se puede sentir solo, aunque esté rodeado de gente”.

De hecho, sostuvo que las personas mayores sólo tienen la queja “de que el exceso de tecnología está haciendo  que las familias no compartan cuando se juntan, porque están todos conectados con su teléfono y nadie habla”.

Por otro lado, Sequeira manifestó que existe la soledad positiva, esa que les da a los adultos mayores plena autonomía para realizar las actividades que desean, sin la supervisión de otros.

Sin embargo, hay un tema pendiente que tiene que ver con las redes de apoyo y la participación de los adultos mayores.

Luz Berríos indicó al respecto que “en la medida que la persona mayor está trabajando y descubre nuevas potencialidades, su familia vuelve a acogerlos como personas iguales y le dan el mismo valor que a las otras generaciones”.

Y agregó que en el teatro, “los familiares cambian su mirada, cuando los ven representando a alguien, que están haciendo uso de una memoria sana y además son creativos”.

Desde el Senama, Hernán Zapata enfatizó que “de las 18 mil organizaciones de base de adultos mayores que hay en el país, con cerca de 500 mil personas sobre los 60 años, el 70% de sus participantes son mujeres y un 30% hombres”.

Zapata aseguró que esta situación no es tan extraña  y se debe a que “las principales redes de apoyo de los hombres se construyen en el ambiente laboral y cuando jubilan comienzan a perder esos espacios, no así las mujeres”.

Otro aspecto que no se ha solucionado es lo atomizadas que son estas organizaciones. Porque si bien están en muchas partes y son solidarias entre sí como grupo, no traspasan o interactúan con otras generaciones.

Zapata recalcó que “el adulto mayor debe ser un referente de la política pública y actuar como contraparte”. Pese a ello, el coordinador del Senama manifestó que se ha logrado su reconocimiento “como una persona con derechos y ya no como un sujeto pasivo sobre el cual actuamos”.

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