19 marzo, 2018

Alianza entre la Escuela de Enfermería y agrupación que acoge a 58 familias de Curicó, ha gestado la atención de especialista y formación constante a los padres en esta difícil enfermedad.

Desde que Elizabeth Solís abre los ojos sabe que su día partirá contando. Debe medir cuánto azúcar tiene en el cuerpo su hija y, con eso, calcular la cantidad de alimentos que le podrá dar al desayuno. Pero esto no acaba con la primera comida, sino que similar operación la debe repetir en el almuerzo, la once y la cena. En esta rutina ya lleva diez años. Su hija debutó con diabetes tipo 1 a los 4 años y hoy, ya adolescente, debe seguir controlando esta enfermedad que la acompañará de por vida.

Elizabeth es la presidenta de la Agrupación Niños Diabéticos de Curicó y comentó que si bien el conteo anterior es cansador, por lejos, lo más terrible de esta enfermedad son los pinchazos. “Son siete inyecciones al día, eso es muy complicado en especial para los bebés. Esas inyecciones son en los brazos, en las piernas, en la guatita. Se tiene que ir rotando las partes del cuerpo para evitar moretones o piel muerta”, explicó.

En Curicó son alrededor de 60 niños que viven esta realidad todos los días, pero no todos los niños del país viven la enfermedad de la misma forma. Estar en provincia hace muchas veces todo más difícil.

“En Santiago hay otros sistemas que se utilizan que tienen un costo más elevado, parches que se ponen que tienen un sensor y la máquina avisa cuántos son los niveles de azúcar entonces así no se tiene que inyectar tanto el niño. Lo otro es la bomba, que el año pasado, se incluyó dentro del Auge, eso se lo dan a los bebés o a los niños que lleven un buen control de carbohidratos. En Curicó hay una bomba, pero como no hay un especialista, no la podemos ocupar”, aseguró.

Es así como el principal motor de esta agrupación es conseguir un especialista para Curicó. Pero también apoyarse, ya que es muy difícil para los padres aceptar Esta enfermedad y aprender a cuidar a sus hijos de la manera correcta. “Cuando nuestros hijos debutaban lo único que nos pasaban era un libro y uno tenía que arreglárselas sola. Si uno no aprendía bien no les dan el alta a los niños y había muchas falencias como que lo que se enseñaba era sobre diabetes tipo 2. Y no consideraban que las emociones, el deporte, todo eso afecta en los niveles
de azúcar. En mi caso, no tenía ningún familiar con la enfermedad, entonces cuando supe y me entregaron el libro, pensé que se me acababa el mundo, pero todos empezamos así, hasta que nos damos cuenta que se puede vivir con esto y que uno tiene que ser muy ordenada y llevar una buena alimentación”, relató Elizabeth.

Saber es vida

Viendo esta realidad, la Escuela de Enfermería de la Universidad Católica del Maule –acreditada por 6 años-, sede Curicó, ha prestado apoyo a las familias. El primero de ellos fue la gestión de traer a una especialista en diabetes tipo 1 que viene cada tres meses a la zona y que atiende a los niños en las dependencias de la casa de estudios.

Se trata de la médico francesa Julie Pelicand, quien está radicada en Chile hace seis años, y atiende pacientes en diversos lugares de América Latina, además de otros como Francia y Canadá a través de internet. Su especialidad es la educación terapéutica del paciente, un concepto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que surgió en los años 80 y que está muy desarrollado en Europa.

Y el otro foco de acción es la capacitación permanente a los padres. Es así como esta semana se gestó la visita de la nutricionista y educadora de diabetes Constanza Martínez, del laboratorio Roche, quien capacitó a los padres en conteo de carbohidratos.

“Nos enfocamos en la parte práctica del conteo de carbohidratos, porque muchos de ellos conocen la parte teórica, pero siempre viene bien la parte más práctica de saber cuál es la porción real a consumir y a cuánto equivale eso en los gramos de carbohidratos. Conociendo esto podemos saber cuál es la equivalencia de lo que se debe colocar de insulina y así lograr este equilibrio y tener una glicemia estable luego de estar consumiendo los alimentos”, explicó la especialista.

En la Escuela de Enfermería, las docentes Flerida Rivera, Karen González y Loreto Díaz están a cargo de esta iniciativa que busca apoyar a las familias y capacitarlos.

El año pasado, la Escuela realizó la primera Jornada de Actualización de Diabetes tipo 1, en coordinación con la Municipalidad de Curicó, donde se entregó un Glucómetro Cetonemia a las familias para medir la cetona en la sangre (gases venenosos) y que fue gestionado por la Gobernación de Curicó.

“Nuestra misión como escuela ha sido fortalecer las deficiencias formativas que tienen los padres entregándoles capacitación. Por ejemplo, se hizo un reforzamiento sobre qué dosis de insulina administrar. Hacer cálculos cómo administrar, para que no haya errores. Tiene que haber educación continua”, explicó la académica Loreto Díaz.

La Escuela de Enfermería tiene preparado, además, para este año, capacitaciones mensuales que puedan ir en ayuda de los padres y en especial de los niños que tienen esta enfermedad.

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