19 abril, 2018

El Seminario Internacional de Turismo Sostenible: “La experiencia de Costa Rica, Modelo en el Mundo”, organizado por la Facultad de Ingeniería y Tecnología (FIT) de la Universidad San Sebastián, junto al Comité de Desarrollo Productivo Regional (CORFO), dio inicio a las acciones del proyecto “Biobío Innova y Colabora: Empresarios Formando Emprendedores Regionales”, financiado por CORFO y desarrollado por la FIT de la institución académica.

El encuentro reunió a tres expertos internacionales en materia de turismo sostenible, Randall García, director del Instituto Nacional de Biodiversidad, INBio, de Costa Rica; Tobías García, consultor asociado a este organismo y Diego García, presidente de la Organización Comunitaria Caminos de Osa de ese país, quienes compartieron sus experiencias con emprendedores locales, académicos y estudiantes, en dependencias de la USS (Campus Las Tres Pascualas).

Mario Elizondo, director del Programa Advance de la FIT de la USS y del proyecto en desarrollo, contextualizó el evento, “que se origina en un programa licitado por el Comité de Desarrollo Productivo Regional (CORFO), adjudicado por la FIT de la Universidad San Sebastián y dirigido a emprendedores e innovadores de cualquier lugar de las regiones de Ñuble y Biobío, que tengan una idea que da solución a una necesidad o problema, identificando su mercado y desarrollando un Plan de Negocios”, precisó. Con diferentes etapas (siendo esta la primera acción), se desarrollará por todo el 2018.

¿Por qué Costa Rica? “Por su turismo vivencial, turismo rural y turismo rural comunitario. Es un país con cifras asombrosas, tres millones de turistas por año, que regresan hasta siete veces a ese territorio. Cada 15 costarricenses, llegan 10 turistas, de los que el 40 por ciento son de Estados Unidos, 15 por ciento de Europa y 10 por ciento de Canadá y México”, explicó.

Biodiversidad y valor comercial

Inició las presentaciones del panel de expertos de Costa Rica Randall García, director de INBio, magíster en Turismo Ecológico, con énfasis en Administración y Planificación del Turismo, con “La experiencia de INBio: Ciencia y Desarrollo Comercial”. INBío es una ONG fundada en 1989, que busca promover conciencia sobre el valor de la biodiversidad para lograr su conservación y mejorar la calidad de vida del ser humano.

“Para hablar de biodiversidad hay que conocerla, y sólo así se puede usar correctamente. La idea es mostrar a la comunidad que es posible hacer negocios con la biodiversidad, desde una ética precisa, un estilo de vida sustentable que puede desarrollar cualquier persona que se sume correctamente a la cadena productiva”, dijo.

“Costa Rica es 15 veces más pequeño que Chile y tiene 500 mil especies en el top de los 20 países más diversos. Concentra el 4 por ciento de la biodiversidad del mundo en el 0,03 por ciento del territorio terrestre. Por eso siempre ha sido importante reflexionar en cómo ese capital puede ser empleado en mejorar las condiciones de las comunidades pobres”, contó García.

INBio se sustenta de fondos internacionales, y también genera ingresos producto de la investigación, como Royalties (pago cuando el producto llega al mercado, con porcentaje de ventas netas); Up front payment (pagos de acuerdo al avance de la investigación, según un monto acordado) y “Licenciamiento”, ingresos generados al autorizar a un tercero en el uso de una patente.

Los profesionales del instituto costarricense también realizan educación a las comunidades, bioalfabetización, asistencia técnica y capacitación. “Son cursos de seis meses, de biodiversidad y cultura, en los que los interesados se forman como guía. Si eres guía o estás capacitado, se te destaca con una acreditación. Si no, no pasa nada, pero el turista tiene acceso a esa información y lo más probable es que busque a quienes están acreditados”, señaló Randall García.

Tobías García, consultor asociado de INBio, magíster en Gestión Ambiental de la Universidad Autónoma de Monterrey de Costa Rica, se refirió a múltiples experiencias con comunidades locales, destacando la conocida producción de mariposas en “granjas”. “Las pupas se exportan, se envían a Estados Unidos y a Europa, generando negocio para familias y comunidades que se dedican a esa producción”.

Destacó también una experiencia de transferencia de conocimientos con Bután, para la producción de hongos. “En Costa Rica hay 125 especies diferentes de hongos con potencial comestible. Poblaciones en Bután trabajan con hongos desde tiempos inmemoriales, así es que organizamos una gira: un grupo de productores de ese país enseñó a campesinos nuestros a cultivar ciertos hongos, para consumo y producción, combinando ciencia con conocimientos ancestrales”, narró. “Los turistas llegan a Costa Rica para disfrutar de la flora y la fauna, es un turismo muy diferente… una experiencia que involucra mucho a las comunidades en todos los servicios. Cafeteros, artesanos, personas que realizan oficios desde siempre son un potencial turístico, y recién están tomando conciencia de ello”, reflexionó.

Finalmente, Diego García, presidente y operador turístico para Turismo Rural Sostenible de la Organización Comunitaria “Caminos de Osa”, dio a conocer su experiencia. “La Península de Osa es uno de los sitios más diversos del planeta. Se estima que alberga al 2,5 por ciento de la biodiversidad mundial, y gracias a políticas proteccionistas de Costa Rica, el 80 por ciento del territorio está resguardado dentro de alguna categoría del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. El problema se da para muchas familias que residen en estos terrenos, que se han visto muy afectadas en su desarrollo por las propias limitantes que buscan asegurar la conservación. Ello llevó a la necesidad de idear un sistema de sobrevivencia, y surgió el turismo rural comunitario, viendo la aventura como una herramienta potente para promover el desarrollo sostenible”, sostuvo Diego García.

“Hablamos de comunidades de personas sin conocimientos, dedicadas a labores básicas, la tala de árboles, la caza, y más encima sin autorización ni regulación. Pese a eso el proceso, que no tiene más de 12 años, ha sido exitoso. La gente de estos poblados no vive sólo del turismo, pero es el turismo la actividad anexa que más proyecciones les ofrece”, afirmó el operador turístico.

La Asociación Caminos de Osa, que preside Diego Garvcía, se fundó el año 2015, tras un año de capacitación. Tiene 62 asociados, con 43 negocios locales, que ofrecen servicios de hospedaje, alimentación, guías de turismo, transporte y experiencias culturales, entre otros. “Se ofrecen cuatro paquetes de aventura, cabalgatas, caminatas naturalistas, tour de producción artesanal de oro, paseos en kayak, tours nocturnos y visitas a cataratas, según el interés de los turistas”, contó el experto. “Usamos los datos y la información de INBío para dar valor agregado a los productos, especialmente los alimenticios. Caminos de Osa tiene sello de calidad, pasaporte verde y premios mundiales”, agregó.

Un segundo panel, denominado “Posibilidades en las Regiones del Biobío y Ñuble en Turismo Rural”, analizó casos locales en la materia. Mario Puentes, ingeniero civil industrial, sub director del Área de Innovación del Comité de Desarrollo Productivo de la Región del Biobío, se refirió a “El turismo rural regional como posibilidad de proyectos innovativos”, en tanto que Andrés Sanhueza, ingeniero civil industrial y gerente de Corparauco, desarrolló “Dificultades para el turismo rural en Chile”. Finalmente, Rody Toro, ingeniero civil, director de Ingeniería Civil de la USS Concepción, expuso “Soluciones económicas para temáticas que impiden el desarrollo rural, posibilidades de transferencia tecnológica básica desde la universidad”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *