31 mayo, 2018

Columna de Sebastián Cofré, académico de la Escuela Nutrición y Dietética de la Universidad Católica del Maule.

Durante la última semana circuló una nota publicada en un medio nacional que alertaba que la cuarta parte de la población del planeta sería obesa en 2045, según los resultados que se publicaron en el último congreso de la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad desarrollado en Viena en el mes de mayo.

En la investigación destacan que para el año 2045 se estima que a nivel global un 22% de la población será obesa, es decir, 1 de cada 4 personas padecerá esta enfermedad crónica. El estudio dirigido por el investigador Dr. Alan Moses, señaló además que la población que padece diabetes -actualmente 9,1%- aumentará a un 11,7% en la misma fecha.

En Chile, estos datos coinciden con la actual situación epidemiológica que reflejó la última Encuesta Nacional de Salud 2016-2017 en la cual un 34,2 % de la población presenta Obesidad y 12,3% presenta sospecha de Diabetes. En el caso de los menores se observa según datos de la JUNAEB, que alrededor de un 51,2% de los escolares de 1° básico presentan malnutrición por exceso, siendo un número alarmante.

Estos datos vienen a resaltar la magnitud del problema que representa para la salud pública en términos de gastos médicos, tratamientos, licencias, ausentismo laboral, discapacidad y años de vidas perdidos. Un estudio desarrollado en nuestro país, por el investigador salubrista Cristóbal Cuadrado determinó que aproximadamente el 2% del gasto total en salud se encuentra destinado a esta patología, estimando además que para el 2030 los costos atribuibles al sobrepeso y la obesidad asciendan a 3 billones de pesos anuales.

Para abordar este gran problema la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido diversas estrategias que en su origen presentan dimensiones multifactoriales, entre ellas generar entornos y comunidades favorables que permitan influir en elecciones saludables en materia de consumo de alimentos y actividad física. En esta línea a partir del año 2016 se creó la ley 20.606 sobre etiquetado nutricional que tiene por objetivo modificar los patrones alimentarios de los chilenos, por medio de la elección informada de alimentos, que por su impacto todavía faltan años para evaluar su eficacia, sin embargo, es una gran medida que va en directa relación con la intervención del entorno alimentario, tanto es así, que distintos organismos internacionales están atentos a cómo se desarrolla esta ley en nuestra sociedad.

De la mano con la información, debe ir la educación nutricional, tarea donde la profesional nutricionista juega un rol fundamental para entregar las herramientas a la población para que puedan modificar sus patrones alimentarios o estilos de vida, teniendo el deber de focalizar nuestro trabajo en la población más vulnerable de nuestro país, quienes lamentablemente son los más perjudicados por la obesidad.

Crear soluciones innovadoras que intervengan las escuelas, universidades, ambientes laborales, entre otros entornos es parte de los desafíos que debemos plantearnos, así también, generar trabajo multidisciplinario que permitan abordar con distintas miradas una determinada causa.

Finalmente evaluar el costo-efectividad de las intervenciones en salud para destinar recursos será información clave para los tomadores de decisiones en salud, debido a que no sirve que sean iniciativas puntuales o proyectos que apliquen una sola vez, sino que deben ser políticas que tengan sostenibilidad en el tiempo a fin de ir midiendo su impacto. Es aquí donde no debemos olvidar un antiguo refrán, que siempre “es más barato prevenir que lamentar”.

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