30 enero, 2019
  • El Doctor Gustavo Saíz publicó recientemente la investigación donde se demostró que el Cambio Climático promueve las pérdidas de carbono y nitrógeno del suelo, lo que está alterando la estabilidad de los ecosistemas de la región, poniendo en serio riesgo su propia existencia. 

El monte Kilimanjaro posiblemente evoca en el lector la imagen de lo mejor de los paisajes genuinamente Africanos. Esto es, la clásica silueta de una jirafa ramoneando una acacia en el medio de la sabana con el marco de una montaña con su cumbre nevada al fondo. En efecto, éste es el monte Kilimanjaro, un antiguo volcán situado entre Tanzania y Kenia y que representa la mayor montaña de África, alcanzando casi los 6.000 metros sobre el nivel del mar. La combinación de suelos fértiles y el amplio rango de condiciones climáticas consecuencia de sus cerca de 5.000 metros de desnivel, provocan la existencia de una gran variedad de ecosistemas en una superficie relativamente reducida.

La región constituye un icónico activo medioambiental que se encuentra bajo una seria amenaza debido al aumento de la presión humana y al cambio climático. Para tener una idea de la magnitud de estos cambios, se estima que los glaciares que se encuentran en la cumbre han reducido su extensión en más de un 80% desde 1912.

En el trabajo de investigación liderado por el Dr. Gustavo Saiz, académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, se investigó el efecto del cambio de uso de suelo y el cambio climático en las dinámicas de materia orgánica de doce ecosistemas que incluían bosques tropicales, sabanas y plantaciones agrícolas (incluyendo café y choclo). Para ello se analizaron isótopos estables del carbono y nitrógeno en plantas, hojarasca y suelos muestreados a lo largo de un fuerte gradiente altitudinal y de uso de suelo. Los isótopos estables son átomos que tienen el mismo número de protones y electrones, pero un número diferente de neutrones. Las variaciones en la composición isotópica estable del carbono y nitrógeno en los materiales analizados, combinadas con la interpretación de otras variables ambientales permitieron un mejor entendimiento del ciclo de la materia orgánica en los distintos ecosistemas.

El estudio, publicado esta semana en la acreditada revista científica Biogeosciences, demuestra que además del manejo, el aumento de las temperaturas dentro del actual contexto de cambio climático, promueve las pérdidas de carbono y nitrógeno del suelo, lo que está alterando la estabilidad de los ecosistemas de la región, poniendo en serio riesgo su propia existencia.

El Dr Saiz comentó al respecto que “la materia orgánica juega un papel decisivo en la regulación de nutrientes esenciales para las plantas y además, tiene una influencia directa en la cantidad de carbono fijado por el ecosistema, así como en su resiliencia ante la sequía y las inundaciones. Por lo tanto, la calidad y cantidad de la materia orgánica en el suelo tiene consecuencias directas para el ecosistema, tanto en su productividad como en su capacidad de adaptación y mitigación del cambio climático”.

Los resultados del estudio muestran que los contenidos de materia orgánica en el suelo son mayores en los ecosistemas moderadamente fríos y húmedos situados a mayor altitud que en los de baja elevación. En estos últimos, las prácticas de manejo tales como la labranza, la cosecha y la quema de vegetación promueven la pérdida de materia orgánica, y su descomposición, lo que se ve reforzado por las condiciones cálidas y moderadamente húmedas de la base de la montaña.

“En la actualidad, las poblaciones y los ecosistemas de muchas regiones del planeta sufren enormemente por la degradación ambiental y los efectos adversos derivados del cambio climático”. Además destaca que “Dada la gravedad de la degradación ambiental de muchos ecosistemas terrestres, los esfuerzos para revertir la situación deben centrarse en preservar dos recursos naturales tan valiosos como escasos; el agua y el suelo”, explicó Saiz al respecto.

La combinación de estudios de abundancia natural de isótopos cualitativos con estudios de procesos cuantitativos más elaborados representa un enfoque ideal para caracterizar los ciclos de carbono y nitrógeno de los ecosistemas terrestres. El investigador comenta que este trabajo puede ser potencialmente replicado a través de un estudio altitudinal en regiones chilenas.

Los investigadores procesaron y analizaron cerca de mil muestras de material vegetal y suelos para llevar a cabo este estudio. Además del Dr Saiz, el equipo de investigación estuvo compuesto por científicos del Instituto Tecnológico de Karlsruhe y la Universidad de Oldenburg de Alemania.

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