31 enero, 2019
  • Tener un mínimo de normas claras y compartidas entre los padres aun cuando sean casas diferentes, es parten de las recomendaciones que sugiere el psicólogo de la U. San Sebastián, Rodrigo Venegas.

Vacaciones es sinónimo de descanso, compartir y distracción. Así al menos es para muchas familias que desde diciembre y hasta marzo mayormente, eligen esos días para tener un merecido relajo.

El tema, eso sí, se vuelve un poco más complejo para algunos hijos e hijas cuando deben compatibilizar estas vacaciones con padres separados, ya que muchas veces entre los progenitores no existe la mejor relación y se disputan los días, tiempo a vacacionar y el cómo se educa en este tiempo.

A lo anterior se suma el que los hijos/as ya más adolescentes hacen comparaciones entre cual descanso fue mejor y quién es más “buena onda” con los permisos.

Al respecto, el psicólogo de la U. San Sebastián, Rodrigo Venegas, asegura que “los adultos tienen que entender que más allá de las cuestiones de pareja que tengan sin resolver, para el niño o niña son sus padres y los necesita a ambos. Por eso, se debe evitar colocarlo en situaciones en las que tenga que elegir o comparar entre uno y otro progenitor”.

Agrega que un aspecto relevante es que, “si bien las vacaciones pueden estar divididas entre los padres, eso no quiere decir que la otra parte no pueda comunicarse con el o los hijos en común. La preocupación por el bienestar del niño/niña no termina cuando se va a la casa de la ex pareja. Por lo mismo, es necesario fijar los límites, lo que no se puede hacer es estar constantemente interrumpiendo y distorsionando el tiempo de ocio con el otro progenitor o del niño ni tampoco manipular emocionalmente al niño/a al hacerle ver a través de los mensajes que se le echa de menos en exceso o se está triste por no verlo, lo que genera culpa al niño por estar feliz en las vacaciones con su otro padre”.

Venegas puntualiza que una de las mejores formas para una sana convivencia es tener un mínimo de normas claras y compartidas entre los padres aun cuando sean casas diferentes. “En vacaciones aparecen nuevas experiencias, viajes y oportunidades por lo que la posibilidad de tener diferencia de criterio sobre lo oportuno o no, lo peligroso o deseable de dichas experiencias se vuelve relevante de pensar antes del viaje y si no es posible al menos considerar la posición del otro ausente. Lo cierto es que la responsabilidad final del niño o niña en un viaje de vacaciones entre padres separados siempre recae en quien está a cargo de ese niño en ese momento”, concluye.

 

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