21 febrero, 2019
  • Pensado inicialmente como un espacio para el desarrollo de actividades de educación medioambiental, para los habitantes de Chanco, en la región del Maule, el “Memorial Laguna del Toro” se está convirtiendo en un punto de encuentro para la comunidad.

Mirador, tribuna, muro o aula… dependiendo de la perspectiva o necesidad que se tenga es la función que cumple el “Memorial Laguna del Toro”, ubicado al interior de la Reserva Nacional Federico Albert, en la provincia de Cauquenes, se ha convertido en un valioso espacio de encuentro para la comunidad de Chanco.

“Se trata de un lugar lleno de historia”, explicó Valentina Ceballos, autora de la obra compuesta por dos volúmenes de madera de pino, de 12 y 9 metros de largo, respectivamente, quien durante la búsqueda de inspiración su proyecto de título de Arquitectura en la Universidad de Talca, encontró en la historia de la localidad la motivación necesaria para este trabajo.

“A inicios del 1900 la arena había avanzado mucho, de hecho ya habían desparecido más o menos como 4 cuadras del pueblo y se acercaba a la Plaza de Armas, amenazando con hacerlo desparecer. Entonces la solución que propuso Albert fue plantar especies de rápido crecimiento para detener el avance de las dunas, lo que se hizo en la zona donde hoy se sitúa la Reserva en la cual -salvo el nombre- no existía nada que reconociera este aporte”, explicó.

En ese contexto, y tras contactar a la Corporación Nacional Forestal (Conaf), organismo que tenía interés en intervenir dicho espacio con una estructura que permitiese el desarrollo de jornadas educativas, Valentina Ceballos terminó de configurar el proyecto que se situó en el lugar en donde, hasta hace unos años, existió una laguna a la cual los lugareños llevaban sus rebaños a beber.

“Todo el pueblo recuerda la laguna –donde según la creencia popular vivía un cuero que se comía los animales-, que se ha ido secando y ya no es lo que era. Solo existen los vestigios de lo que fue porque en ese lugar solo queda un charco con agua”, comentó.

En este espacio la profesional emplazó la obra. “El Memorial está posado en el borde de lo que era la laguna. Está trabajado en dos niveles, el cero, que vendría a ser desde donde uno viene caminando, y otro que está como dentro de la laguna, un metro cuarenta más abajo, entonces para ingresar hay que descender, y en esa parte uno se puede sentar”.

Añadió que ahí existe una roca que funciona como punto intermedio entre ambos volúmenes y se emplea como centro, convirtiendo al lugar en una especie de aula al aire libre.

“También puede ser usado como mobiliario o un muro, un mirador, que en la ‘espalda’ tiene unas franjas de acero que tienen grabada la historia del lugar. Es como un barco varado porque tiene una curva en la parte de arriba que da la altura suficiente como para mirar con mayor perspectiva desde una cota más alta, mientras que la parte para sentarse que se encuentra en lo que era el borde del socavón de la laguna, hace que uno se sienta como sumergido porque está a la misma cota a la que antes llegaba el agua”, detalló.

PUNTO DE ENCUENTRO

El administrador de la Reserva Federico Albert, Fernando Campos, reconoció que la instalación del Memorial representó “un aporte significativo que nos permitió mejorar nuestra oferta de servicios en el área de educación y conservación ambiental, posicionándonos de mejor forma ante la comunidad”.

“La idea de contar con un anfiteatro era un anhelo que existía desde la creación del parque, en la década de los años 80, lo mismo que rescatar un espacio que forma parte de la identidad local. Ahora aquí hemos podido involucrar a la comunidad y educarla sobre cómo el cambio climático y los procesos que tienen que ver con la interacción entrópica terminaron por modificar la realidad física y cultural del pueblo. También nos sirve para que los visitantes conozcan las transformaciones del bosque, para que colegios aprendan sobre educación y conservación e incluso para caminatas nocturnas y observación de estrellas”, detalló.

En este sentido, Campos agregó que la instalación de este espacio representó además una solución para una comunidad que carecía de un lugar de encuentro.

“En la comuna no existe un anfiteatro así es que es muy valioso, tanto así que paulatinamente en la medida que se ha ido haciendo conocido por la comunidad llegan cada vez más a preguntar por la posibilidad de usarlo”, observó.​​​​​​​​​​​

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