31 enero, 2020

Dependiendo del color, olor o cantidad de espuma que presente, este fluido habla del estado de salud de una persona. Académica de Tecnología Médica de la Universidad San Sebastián (USS) entrega tips para poner atención y agendar una posible visita al médico.

La orina es un líquido formado en los riñones y excretado por la uretra que, en estado normal, es transparente y de color amarillo claro. Al contrario de lo que se pueda pensar, muchas veces no es necesario mirarla a través de un microscopio para identificar que algo no va bien con nuestra salud.

Así lo explica Valentina Jara, académica de la mención de Laboratorio Clínico de Tecnología Médica USS. “El color de la orina, por ejemplo, es un parámetro físico que se asocia a diversos estados del organismo y a la hidratación diaria de cada uno. Está determinado por pigmentos derivados de la bilirrubina, por ende, si es amarillo muy claro, casi incoloro, puede deberse a un gran consumo de agua, por el contrario, si el color es amarillo oscuro, puede deberse a falta de hidratación”, comenta.

Cuando la orina tiende a un color rosa – rojizo “puede deberse a la presencia de hemoglobina en la orina (sangre), sin embargo, en estos casos es muy importante descartar el consumo de alimentos que presenten pigmentos que decoloren la orina, como las betarragas”, puntualiza.

El color que es anaranjado o café podría indicar un problema de origen hepático, agrega la académica de la USS. “También podemos presenciar orinas de color verde o azul, acompañada de un olor más fuerte, lo que puede ser un indicio de patología infecciosa. Es importante mencionar que algunos medicamentos (por ejemplo, los anticonceptivos), también pueden colorear verde la orina”, señala.

Existen otras situaciones donde la orina presenta espuma en exceso. “Acá es importante descartar alguna afección renal, por lo que se recomienda pedir consulta médica”, recalca la especialista.

En cuanto al olor, la orina tiene uno característico otorgado por la urea, y sus variaciones generalmente se deben a algún alimento que se consumió, explica Valentina Jara. No obstante, “hay algunos olores que se asocian a patologías, por ejemplo, cuando el olor es fétido, se asocia a una infección. Por otro lado, cuando presenta un olor dulce, podríamos estar frente a un problema metabólico no controlado como la diabetes. Cuando existe un problema hepático, puede oler a moho”.

Cuando este fluido es turbio indica la presencia de proteínas, sin embargo, en un estado patológico también puede deberse a presencia de microorganismos, células epiteliales o sanguíneas. “Por esto siempre es importante estar atentos a la orina excretada a diario y considerar la exhaustiva toma de muestra que conlleva el examen de orina completa y urocultivo. Un aspecto importante para estos procedimientos es el aseo previo que se debe realizar para no contaminar la muestra, pues así se evita tener que repetirlos, y, por tanto, demorar el diagnóstico”, concluye la tecnólogo médico.

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