7 febrero, 2020

La actividad física es beneficiosa para todas las personas a lo largo de su ciclo vital. Sin embargo, para la población infantil y juvenil con trastornos del neurodesarrollo, es clave. Académica de la Universidad San Sebastián (USS) entrega detalles al respecto. 

Los trastornos del neurodesarrollo tienen su origen en la primera infancia o durante el proceso de desarrollo, y sus primeros síntomas son posibles de detectar de manera temprana. El apoyo profesional para abordarlos consta de diferentes técnicas, una de ellas basada en el deporte, pues complementa el proceso terapéutico al ser una actividad con significado y propósito

Esta alternativa ha cobrado mucha relevancia ya que “posibilita la adquisición de habilidades motrices, cognitivas y sociales en los niños y/o jóvenes. Estas son las tres grandes áreas que se ven afectadas en la población con trastornos del espectro autista (TEA)”, comenta Rosario Conte, terapeuta ocupacional y académica de la USS.

El deporte también es positivo porque contribuye al aumento de la tolerancia a la frustración y promueve el trabajo en equipo, por lo mismo se sugiere que los niños con esta condición de salud lo realicen acorde a sus intereses para que esta actividad permanezca en el tiempo. “Además, la liberación de endorfinas les entrega sensación de satisfacción y reduce el estrés, aumentando el nivel de autoestima y el sentido de eficacia en una determinada actividad”, agrega la experta.

Los niños y niñas con TEA, en muchos casos, presentan alteraciones en la coordinación y el equilibrio debido a dificultades asociadas a los sistemas sensoriales (táctil, propioceptivo, vestibular). Todo eso se trabaja con especialistas como los terapeutas ocupacionales, quienes abordan cada caso de manera distinta, atendiendo los requerimientos propios del niño y su familia.

“Como profesionales del área, sabemos que la práctica deportiva es una valiosa herramienta que los beneficia porque les entrega información sensorial, lo que contribuye a su relacionamiento con el entorno. Los aspectos conductuales y cognitivos se ven favorecidos, ya que implícitamente el deporte les entrega reglas y comportamientos sociales, además de favorecer su atención y concentración”, explica Conte.

Dentro de lo reportado por los padres y lo observable clínicamente, “los niños y niñas mejoran su capacidad de adaptación a distintos contextos, aumentan la tolerancia a la frustración y mejoran los periodos de atención, enriqueciendo sus relaciones sociales y afectivas”, afirma la terapeuta.

El surf: un camino, una evidencia

En el marco de su investigación para optar al título de Terapeuta ocupacional en la USS, Lucas Pumarino, junto a un grupo de compañeras, midieron los cambios en 12 chilenos diagnosticados con Autismo luego de meses practicando surf en escuelas inclusivas.

“Encontramos un aumento en la participación social, debido a que ellos identifican que pueden tener una vida entretenida en un círculo de personas. También nos dimos cuenta que empezaron a tolerar mejor el contacto (corporal) con otros”, comenta el profesional egresado en 2018.

Independiente de la actividad que se realice, es importante que el niño sea quien elija lo que desea hacer. “El surf es una excelente actividad, y en la Universidad tenemos esa evidencia. No obstante, todo debe ser consensuado con el niño o la niña. Es importante contemplar sus afinidades y miedos, solo así es factible hacer una buena elección y tener éxito terapéutico”, concluye la académica.

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