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Cultivos Transgénicos en Chile: Ni sandías cuadradas, ni tomates tóxicos

Invitado por la carrera de Nutrición y Dietética USS, el doctor Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBIO, dictó la Charla sobre «Evidencia en Cultivos Transgénicos: Una Tecnología para la Producción de alimentos».

Es común leer o escuchar que los “transgénicos” producen cáncer, causan alergias, dañan el medioambiente o que matan a las abejas. Estos son algunas de las acusaciones que se les imputan a los alimentos producto de plantas transgénicas, “que son aquellas a las que se le ha agregado uno o más genes por técnicas de ingeniería genética, con el objetivo de incorporar nuevas características y así obtener algún beneficio como resistir a insectos, tolerar bajos niveles de agua, o producir más proteínas o vitaminas”; según explicó el doctor en Ciencias Biológicas con mención en Genética Molecular y Microbiología, Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBIO, quien expuso en la Universidad San Sebastián.

En  la charla «Evidencia en Cultivos Transgénicos: Una Tecnología para la Producción de alimentos», Sánchez, experto en asuntos científicos y regulatorios relacionados a los cultivos transgénicos, expuso los argumentos de sus artículos científicos recientemente publicados sobre la inocuidad de estos cultivos en la revista Nature Biotechnology y en Plant Biotechnology Journal.

“Toda nueva variedad de cultivo ha tenido alguna modificación genética usando los métodos de mejoramiento convencional, que van desde el cruzamiento, la mutagénesis o  la selección asistida por marcadores moleculares hasta las plantas transgénicas, que son aquellas que tienen uno o varios genes provenientes de otras especies u otros organismos (bacterias o virus, por ejemplo), introducidos en su genoma por ingeniería genética con el objetivo de incorporar nuevas características y lograr beneficios como resistir a insectos, tolerar bajos niveles de agua, producir más proteínas o vitaminas”, explicó el director de ChileBIO.

Sanchez fue enfático en decir que en Chile está permitido y regulado el uso de cultivos transgénicos para la producción de semillas con fines de exportación y la reproducción controlada las mismas para fines asociados a la investigación y ensayos de campo.

Las principales semillas transgénicas producidas en Chile son el maíz, la canola y la soja; y en menor cantidad  están las de algodón, tomate, y vid, las que en total representan menos del 0,012% de la superficie total de semilleros transgénicos.

Derribando mitos

En la conversación, el experto señaló que se cultivan transgénicos en los 5 continentes y se consumen en todo el mundo. De igual forma hay países que han prohibido sembrar semillas en su territorio, sin embargo consumen una amplia variedad de alimentos transgénicos.

De acuerdo con el expositor, si bien, todos los procesos humanos tienen profundas consecuencias sobre el medioambiente, el cultivo de transgénicos no es más que la misma agricultura, sin embargo es importante destacar que los mecanismos de defensa de las plantas pueden ser mejorados mediante la biotecnología, resultando menores pérdidas de alimentos y económicas, por el factor de ataque de insectos, por ejemplo.

Sánchez insistió en que no se puede emitir un juicio sobre los cultivos transgénicos o sus alimentos derivados de forma general, “al igual que no se puede, por ejemplo, con los medicamentos, ya que cada organismo transgénico es evaluado individualmente para verificar su seguridad para el consumo humano y para el medio ambiente”.

Así, de forma previa a su cultivo, consumo y comercialización, los cultivos transgénicos son evaluados exhaustivamente por las autoridades regulatorias respectivas, que en el caso Chile corresponde al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). Este proceso se denomina “evaluación de riesgo” o análisis de bioseguridad y se basa en un enfoque comparativo, que se realiza empleando criterios científicos consensuados internacionalmente; y para el director de ChileBIO “es fundamental aclarar que la evaluación de riesgo se lleva a cabo “caso a caso” evento por evento.

El caso de las ratas con tumores por ingerir maíz transgénico

Muchos han visto en internet el estudio del equipo liderado por el microbiólogo francés Gilles-Eric Séralini, que publicó en la revista Food and Chemical Toxicology en septiembre 2012, donde ratas fueron alimentadas con maíz transgénico tolerante al herbicida glifosato (maíz NK603) y/o expuestas al herbicida Roundup.

Los autores concluyeron que tanto el maíz transgénico como el herbicida pueden causar “efectos adversos severos en la salud, incluyendo tumores de mama y daños hepáticos y renales, ocasionando muerte prematura”. Incluso, algunos medios de prensa señalaron que las ratas habían desarrollado tumores del tamaño de una pelota de ping pong producto del maíz transgénico y/o el herbicida.

Al respecto, Miguel Ángel Sánchez, señaló que luego de analizar la publicación, “la comunidad científica mundial ha criticado el trabajo, argumentando que se ha llevado a cabo una metodología deficiente y por lo tanto sus conclusiones no tienen validez alguna”.

Algunos de los aspectos que se cuestionan de la investigación son: “que no hay una relación dosis-respuesta entre las variables experimentales y los supuestos efectos observados. Los autores se han negado a entregar los datos del experimento a la comunidad científica y que los resultados del estudio entran en conflicto con la vasta literatura científica que ha evaluado la inocuidad del maíz NK603”.

Para Priscila Candia, directora de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad San Sebastián, la charla fue un aporte importante a la formación de los estudiantes, “ya que desmitificó el tema de los alimentos transgénicos en base a evidencia científica y de igual forma impulsa a los interesados a realizar más investigaciones a largo plazo”. De la misma forma la académica de la USS destacó que “en estos temas es fundamental separar las ideologías de la evidencia científica, para que los futuros profesionales puedan formar su criterio informados con base científica”.

 

Investigadores de la UCM potenciarán los cultivos del ají “cacho de cabra” en el Maule

Un equipo de académicos de la Departamento de Ciencias Agrarias del Campus San Isidro, en Los Niches, comenzó a trabajar en un innovador proyecto que busca potenciar el cultivo y dar valor agregado a los productos derivados del ají.

El ají “cacho de cabra” es uno de los cultivos que, en las últimas décadas, ha desarrollado un gran potencial, incluso para la exportación, gracias a la enorme variedad de productos gourmet asociados, en especial el ají merkén.

Aunque este producto normalmente se asocia con el sur del país, es en dos zonas de la Región del Maule donde se cultiva la materia prima: Villa Prat, en la comuna de Sagrada Familia y Palmilla en Linares.

Para potenciar el cultivo y orientar a los agricultores en la fabricación de productos elaborados con resolución sanitaria, un equipo de investigadores de la Escuela de Agronomía de la UCM y financiados por el Fondo de Innovación para la Competitividad del Maule, iniciaron un proyecto para trabajar con la agricultura familiar campesina que se dedica al ají.

El equipo está liderado por el Dr. Diego Muñoz (director) e integrado por los académicos: Dra. Ximena Quiñones, Dr. Guillermo Saud, Nelson Loyola y el ingeniero agrónomo Juan Pablo Hernández.

El proyecto tiene tres dimensiones: la primera parte aborda temas relativos al cultivo, ya que se explorarán técnicas de injerto para hacer frente a las enfermedades del suelo.

“Cuando se cultiva por muchos años en un mismo lugar, en un mismo suelo, las enfermedades se vuelven cada vez más severas en su ataque. Entonces, la solución tradicional para eso es rotar, es decir, si ya cultivamos ají en este potrero el próximo año cultivaremos en otro lugar, para dejar descansar la tierra, así la enfermedad disminuye su intensidad. Sin embargo, hoy en día las tierras son escasas”, advierte Diego Muñoz.

Una solución a este problema y que se ha aplicado en otros cultivos como la sandía y el tomate, es usar un injerto.

“Se busca una planta que sea más resistente a las enfermedades del suelo, para sobre esa planta injertar la variedad deseada de ají. Esto no se ha hecho en Chile, hasta donde nosotros hemos pesquisado y  en otros países sí hay experiencias en etapa inicial. Al parecer no es una práctica comercial muy extendida aún en el caso del ají. Así se podría hacer frente a este problema”, detalló el académico.

Un aporte real

En la segunda parte, que es el corazón del proyecto, se diseñará y construirá un módulo para el procesamiento del ají: en esta sala estarán los equipos necesarios, para procesarlo y elaborar distintos productos como pastas, mermeladas y deshidratados.

“Uno de los problemas es que la agricultura familiar campesina no tiene las condiciones, en este instante, para vender con resolución sanitaria. También ocurre que los productores venden materia prima que otras personas se encargan de procesar y obtener del valor agregado. La idea es que los productores maulinos puedan directamente agregar ese valor y beneficiarse”, explica el Dr. Muñoz.

La Dra. Ximena Quiñones agrega que si bien el grueso de la materia prima de la variedad “cacho de cabra” se produce en el Maule, el producto elaborado más famoso, el merkén, es identificado con la región de La Araucanía.

“Los productores de la zona, a pesar de que tienen una producción de ají que es histórica -más de 100 años-, sólo venden la materia prima a otras zonas del país, o elaboran productos procesados como pastas, salsas y merkén sin resolución sanitaria. De esta forma sólo pueden vender sus productos en el mercado informal, porque no tiene resolución sanitaria, sólo lo hacen de forma artesanal”, afirma la Dra. Quiñones.

Y la tercera parte de este proyecto, es generar la información necesaria para que los productores usen este módulo y cumplan las normas sanitarias para que ellos puedan vender sus productos con resolución sanitaria, con los permisos correspondientes.

“La idea de nosotros es hacer un módulo que sea lo más adecuado a su nivel de producción y que ese módulo pueda ser replicado con inversión pública o privada en sus explotaciones a escala familiar. Pensamos que con eso se puede agregar valor a la producción y, más adelante, en otra etapa, que ellos puedan poner marcas o denominación de sus productos´”, cuenta la Dra. Quiñones.

Este proyecto tiene como socios estratégicos a Indap y los Programas de Desarrollo Local (Prodesal) de las Municipalidad de Sagrada Familia y Linares.

Fuente: UCM

Vecinos de la Coviefi participan en taller de hidroponía

La UCN capacita a la agrupación “Estrella del Sur” en técnicas de riego y cultivos domésticos para contar con su propio invernadero sustentable.

Adquirir conocimientos básicos de técnicas de cultivo hidropónico es el objetivo de un grupo de vecinos de la población Coviefi, quienes buscan concretar uno de los primeros invernaderos comunitarios y sustentables del sector.

Ante esta necesidad, el Centro de Investigación Tecnológica del Agua en el Desierto (Ceitsaza), a través del Programa de Mejoramiento Institucional (PMI) en Recursos Hídricos de la Universidad Católica del Norte (UCN), comenzó a dictar un taller práctico basado en técnicas de siembra de vegetales por medio de la construcción de almácigos con materiales desechables.

Carlos Aracena, ecólogo paisajista y encargado del proyecto “Coviefi Sustentable”, valoró la instancia, destacando que “el taller no solo conjuga el conocimiento y la participación social, sino que además empodera al ciudadano (vecinos) en la búsqueda de conocimiento para, eventualmente, ser un actor relevante en la solución de problemáticas socio ambientales”.

TÉCNICAS

El taller de Huertos Hidropónicos, dictado por Natalia Gutiérrez, ingeniero agrónoma de Ceitsaza, busca que los vecinos puedan desarrollar cultivos de manera sencilla, por intermedio de sus propios almácigos, con técnicas de riego adecuadas al espacio que cada uno tenga. Cada clase tiene una duración de 3 horas, de las cuales se destina una a la teoría y dos a la práctica.

“El cultivo sin tierra es una opción muy interesante para sembrar en nuestros días. Este tipo de cultivo permite aprovechar mejor los espacios como azoteas, patios y  paredes. Como Centro nos interesa acercar esta técnica a las personas, ya que queremos motivarlos a tener su propio huerto en casa a muy bajo costo. Nos interesa que los vecinos estén en contacto con la naturaleza y que puedan generar vegetales para el autoconsumo y que enfrenten los problemas medioambientales desde una perspectiva más empática”, explicó Gutiérrez.

Fuente: UCN

Universidad reunió a científicos para analizar generación de cultivos resistentes a la sequía

  • El encuentro se realizó como parte de un proyecto Fondef, iniciativa que ya dio origen a una especie de maíz que crece de forma óptima en condiciones extremas.

Talca, 8 septiembre 2015 Universidad de Talca, Dirección de Comunicaciones

La generación de plantas resistentes a la sequía a través de nuevas construcciones genéticas fue el tema central del Simposio Internacional “Estrés abiótico en plantas. Avances y perspectivas para la agricultura”, organizado por la Universidad a través de su Instituto de Ciencias Biológicas..

El evento —de dos días de duración— reunió a investigadores de diversos países considerados autoridades mundiales en esta área científica: Eduardo Blumwald, de la Universidad de California, Davis; Roberto Gaxiola, de la Universidad Estatal de Arizona, (ambas de EE.UU.); José Casaretto, de la Universidad Guelph (Canadá); Raquel Chan, de la Universidad del Litoral (Argentina), y Tua-hua David Ho, de la Academia Sinica de Taiwán.

También participaron la profesora Elizabeth Bastías de la Universidad de Tarapacá; Gerardo Tapia del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Quilampu, y  Alejandro del Pozo, investigador de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UTALCA.

ALIMENTACIÓN DEL MAÑANA

El simposio fue inaugurado por la rectora (s) Gilda Carrasco quien destacó la importancia de este evento que convocó a académicos que estudian mecanismos para mejorar la producción de alimentos en zonas de creciente escasez hídrica.

En este sentido, Carrasco señaló que para el año 2040 se estima que en el mundo habrá más de 9 mil millones de habitantes. Esta población además de requerir alimentación, demandará habitación cerca de grandes urbes con altos estándares de bienestar, lo que significa que podría existir un detrimento de la superficie apta para la agricultura.

“Resulta urgente contar con cultivos más eficientes en el uso del agua, tolerantes a mayor salinidad en el suelo y agua, y que soporten o sean eficientes fotosintéticamente a temperaturas promedio más altas y muy bajas. Esto es esencial para asegurar la alimentación del mañana”, expresó la rectora (s).

El simposio se realizó como parte del proyecto FONDEF “Plataforma biotecnológica para la generación de tolerancia a déficit hídrico en plantas de importancia agrícola”, dirigido por el académico Simón Ruiz, del Instituto de Ciencias Biológicas, quien fue el organizador del evento.

RESULTADOS CIENTÍFICOS

Al presentar los resultados finales de esta iniciativa,  Ruiz dijo que se identificó un gen específico de la especie “Solanum chilense”, una variedad de tomate verde que crece en el desierto de Atacama, el más árido del mundo.  “Este gen lo extrajimos y la introdujimos en el maíz”, señaló. Se trata de una planta silvestre propia de Chile que existe a tres mil metros de altura en condiciones hídricas adversas. “Aún no puedo decir cuál es el gen porque estamos en pleno proceso de patentamiento de este hallazgo”, precisó el científico.

A través de esta construcción genética se ha logrado que el maíz alcance un rendimiento sobre 60% en condiciones de escasez de agua. En este sentido, Simón Ruiz enfatizó que el resultado permitirá cultivar alimentos en zonas de sequía, como el secano costero.

“El cambio climático está produciendo cambios enormes, así es que de aquí a 20 años va a ser indispensable tener este tipo de plantas, si no, nos podríamos quedar sin alimentación. Esta es una muy buena noticia para los habitantes del secano costero y una muy buena noticia en general para todo el mundo”, dijo Ruiz sobre el hallazgo del proyecto que también podría aplicarse en cultivos de arroz, trigo, cebada, tomates, porotos, entre otros.

El director del Instituto de Ciencias Biológicas, Enrique González, valoró el resultado del Fondef como un “hito” para la Universidad. “Lo que ha desarrollado este proyecto hace que nosotros como institución y como instituto seamos uno de los grupos fuertes a nivel nacional e internacional en el área de tolerancia y resistencia de plantas a condiciones de estrés, particularmente de sequía”, expresó.

APORTE MUNDIAL

En la oportunidad, Eduardo Blumwald, investigador del Departamento de Ciencias Vegetales de la Universidad de California Davis, presentó su conferencia “Las modificación de la relaciones fuente sumidero de cultivos comerciales”. El experto señaló que la iniciativa del profesor Ruiz contribuye a entender los mecanismos celulares que usan las plantas para adaptarse a condiciones de estrés ambiental.

“Muy interesante porque los resultados están demostrando un nuevo mecanismo para la adaptación de las plantas a la salinidad. Y creo que es un aporte mundial (…) La Universidad de Talca la considero, en el Hemisferio Sur, al equivalente de la Universidad de California Davis en el Hemisferio Norte. Esta zona es muy rica en agricultura y la Universidad de Talca cumple una función importantísima”, dijo.

Fuente: UTALCA