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Docente de la U. Autónoma participó en actividad para promover vocaciones femeninas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas

La Dra. Adriana Bastías, docente de la U. Autónoma de Chile y postgraduada en Ciencias mención Ingeniería Genética Vegetal, participó en la “Cumbre “Ingeniosas; Ciencia y Tecnología para Todas”, organizada por CONICYT, Comunidad Mujer, Embajada de EE.UU. y Girl in Tech.

 

En la ocasión, le correspondió integrar la mesa de expertos “Academia e investigación para promover vocaciones en STEM para niñas y jóvenes”. Entre las relatoras destacaron las prestigiosas expertas internacionales: Jazlyn L. Carvajal, cofundadora de Latinas in STEM; y Eileen Kahn, consultora en educación y tecnología.

 

Esta mesa de análisis fue una actividad satélite del “Gender Summit 12 en Ciencia Tecnología e Innovación para América Latina y el Caribe”, organizado por CONICYT, que por primera vez se efectuará en Chile, el 6 y 7 de diciembre, en Santiago.

 

STEM es un acrónimo en inglés de Science, Technology, Engineering y Mathematics que sirve para designar las disciplinas académicas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. En este caso, se relaciona con una realidad que genera preocupación en las diversas organizaciones y entidades de género. Si bien los índices de mujeres que ingresan a las universidades chilenas han aumentado significativamente -al igual que las que se titulan- la participación laboral femenina en las mencionadas áreas aún es muy baja.

 

Las profesionales, docentes e investigadoras que participaron en Cumbre abordaron esta materia y discutieron sobre cómo incentivar que más mujeres entren a estudiar ingeniería, matemáticas o carreras relacionadas con las ciencias y que luego desarrollen una carrera laboral en dichas áreas.

 

Entre las temáticas que se discutieron destacan las distintas metodologías que se pudiesen aplicar, la experiencia nacional y la experiencia internacional comparada.

Claudia Montero, académica UV: “A lo que aspiramos como feministas es a la transformación cultural”

A fines del mes pasado, el número de femicidios en Chile llegaba a 34 en el año, mientras que en el mismo período se registraban 112 femicidios no consumados. Un mes antes, la marcha “Ni una menos” congregó en Santiago a más de cincuenta mil personas, a las que se sumaron varios miles en regiones, mientras el tema era viral el redes sociales y ningún medio de comunicación podía ignorarlo.

¿Significa lo anterior que la marcha no tuvo ninguna utilidad? La académica Claudia Montero, doctora en Estudios Latinoamericanos, se refiere al tema, destacando que la solución pasa por una transformación cultural: “Creo que este es un largo camino, porque tiene que ver con la construcción de nuestra cultura. O sea, no podemos pensar que vamos a terminar una cultura que es milenaria, o si pensamos en el feminismo de la segunda ola, son cuarenta años… El tema es ese: a lo que aspiramos como feministas es a la transformación cultural. Y esa transformación cultural tiene que ver con cómo nos entendemos, como sexos y géneros. Cómo somos capaces de entender las relaciones sociales, cuando en la actualidad estamos en un sistema en que hay una jerarquía dada por la condición de ser varón o ser mujer”.

Esa transformación, explica, “es muy lenta; es una tarea muy larga y que requiere mucha reflexión de nosotras mismas”. Sin embargo, destaca la académica, “eso no implica que desconozcamos lo que se ha hecho. Al contrario, tenemos que abrazarlo, recogerlo. Es muy complejo, porque somos a la vez muy críticas con nosotras mismas. Tenemos una falla a medias y la vemos como si fuera una cosa gigante, y resulta que uno ve las organizaciones tradicionales, donde se comete toda clase de equívocos, y no se sacan los ojos entre ellos —los partidos políticos, por ejemplo—, al contrario: se protegen entre ellos. Las mismas críticas que tenemos entre las distintas feministas a veces, nos hacen ir aún más lento. Somos demasiado críticas entre nosotras”.

Y eso sucede porque las mujeres son educadas para ser así: “Tiene que ser todo perfecto, súper coherente, y resulta que no reconocemos lo humano en nosotras: podemos tener incoherencias”.

Mujeres machistas

Ante el hecho de que las mujeres mismas sean quienes replican el machismo, explica la doctora Montero que “esa es una crítica muy común, y es muy necesario que nosotras, como sujetos sociales que nos entendemos, seamos capaces de entender qué sucede. Siempre se dice que las mujeres somos las más machistas de todos. Yo creo que en cierta forma es cierto, pero el tema es por qué”.

Ahí, enfatiza, “es donde nosotras tenemos que hacer un ejercicio crítico para entendernos a nosotras mismas. El patriarcado nos ha puesto en el lugar de la reproducción, no sólo en términos de reproducir la especie como hembras, de tener hijos, sino que en la reproducción de la vida: nosotras somos las encargadas del hogar, y por lo tanto de reproducir la existencia. Ese ha sido nuestro lugar asignado. Si nosotras tenemos esa labor y reproducimos el modelo que conocemos, que es que las mujeres ocupamos un lugar subordinado, por lo tanto efectivamente nosotras educamos y reproducimos ese modelo. Entonces, por supuesto que somos las más machistas de todas, como nos acusan, pero no porque queramos. Es porque ahí nosotras necesitamos una reflexión, como colectivo de mujeres”

Por ser mujer

Por ello, entonces, afirma la profesora, “tenemos que reflexionar nosotras mismas acerca de nuestro lugar en la cultura y en la sociedad, y qué hacemos todos los días para reproducir o no esos modelos que nos ponen en unos lugares y que tienen consecuencias, la más terrible de las cuales es el femicidio, el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres. Por eso la crítica a la consigna de ‘nadie menos’ que se oponía a la de ‘ni una menos’: porque no es cualquier muerte, no es la mujer muerta porque la atropellaron en la esquina: es la mujer que fue asesinada por el hecho de ser mujer. Porque alguien, un varón, hijo de este sistema, cree que tiene derecho sobre esa persona”.

Añade, como ejemplo: “Me han tocado conversaciones con gente que ha trabajado con asesinos de sus parejas, y ellos dicen ‘bueno, pero es que de verdad estaba enamorado’. ¡Y ese es el problema! ¡Que porque tiene una relación donde él cree que está enamorado, cree que es dueño de la vida de la otra! El punto es cómo, en esta cultura, en la que hay una diferencia en la relación entre los sexos, hay un sexo que cree que tiene derecho sobre el cuerpo del otro. Y así podemos entender el acoso sexual en los distintos lugares, sea el lugar de trabajo, el lugar de estudio: porque hay unos sujetos que creen que pueden opinar y tener derecho sobre los cuerpos de las personas del otro sexo. Eso es a lo que tenemos que mirar y eso es lo que hay que cambiar”.

Cómo aportar

Señala Claudia Montero que “así como se habla de que hay micromachismos, nosotras podemos ir generando microcambios, en nuestra forma de actuar cotidiana, y también grandes cambios, en las manifestaciones políticas. Una cosa no impide la otra, van de la mano”.

Algunas formas de hacer microcambios: “Los varones, no haciendo chistes en doble sentido —ni las mujeres tampoco, por supuesto— y no acosando callejeramente. Esas cosas son muy cotidianas”.

Otro ejemplo de la vida cotidiana: “Las mujeres que crían tanto niñas como niños, en la casa, tienen que fijarse en cómo compartir las labores del hogar: que tanto varones como mujeres compartan las tareas de limpieza, de orden; no porque las niñas sean niñas, ‘naturalmente’ son las que están a cargo de esas tareas. O el uso de los colores: el rosado y el azul, ¿por qué a una niña no le puede gustar usar ropa azul? He escuchado historias de niñas que en su casa usan unos colores, pero cuando salen se ponen el rosado para ser bien consideradas niñas”.

Las profesoras también pueden aportar: “Cómo valoramos a varones y mujeres, cómo potenciamos que las mujeres hablen públicamente. Porque lo que suele suceder en una sala de clases es que los varones hablan, hablan, hablan, muchas veces —como saben que son dueños del espacio público— sin pensar lo que dicen, muchas veces diciendo muchas leseras, y resulta que las mujeres cuesta mucho que hablen, porque se asume que es un lugar que no es propio, pero además, cada vez que hablan es con mucha inseguridad, porque lo que quieren decir quieren que sea perfecto. Hay muchas formas de ir cambiando”.

Claudia Montero es doctora en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Chile; investigadora del Convenio de Desempeño para las Humanidades, Artes y Ciencias Sociales y del Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre Cultura Política, Memoria y Derechos Humanos de la UV, y académica del Instituto de Historia y del Doctorado en Estudios Interdisciplinarios de la casa de estudios.

Fuente: UV

“¿Qué es feminismo?: es igualdad, ni más ni menos, entre hombres y mujeres”

Señala académica española Estrella Montes, de la Universidad de Salamanca, quien desarrolla estadía en la Facultad de Humanidades UV.

Para investigar e intercambiar experiencias sobre su tema de investigación, la desigualdad de género en la carrera académica, se encuentra en la Universidad de Valparaíso, desarrollando una pasantía, la profesora Estrella Montes, doctora © de la Universidad de Salamanca.

La profesora Montes explica que su tesis doctoral pensó hacerla sobre la desigualdad de género en la sociedad, pero decidió abocarse a la academia en consideración a que no hay muchos estudios que aborden ese tema en específico.

“Yo estuve trabajando en Recursos Humanos en una empresa privada, y fue ahí cuando empecé a ver que la mujer no tenía las mismas oportunidades que el hombre en el mercado del trabajo. Decidí hacer la tesis en esa vía, pero mi profesora de tesis me propuso céntrame en la academia. En la universidad española hay muchos estudios sobre este tema, pero son sobre todo del año 2000, y reciente no hay ninguno, porque de pronto se piensa que ya está superado”, señala.

El problema, añade, “es que cuando ves los números, ves que las mujeres no llegan a las máximas categorías en la carrera docente investigadora. En España tenemos profesores ayudantes doctores, contratados doctores, titulares y catedráticos; para hacernos una idea, la medida general de las mujeres sólo está en el veinte por ciento de catedráticas, que es el puesto de mayor reconocimiento, de mayor prestigio dentro de la carrera docente investigadora, y también es el puesto de mayor remuneración, de mayor poder, de mayores privilegios. En la Universidad de Salamanca estamos también en ese veinte por ciento. Asimismo, en España hay muy poquita investigación —y además investigaciones muy concretas, muy pequeñas— sobre por qué las mujeres no acceden a los cargos de gestión. Cuando hablo de cargos de gestión me refiero a los puestos de dirección de carrera; allí los más importantes son las direcciones de institutos, los decanatos y el propio gobierno de la universidad. Hay mujeres, cada vez hay más mujeres, pero sigue habiendo muy pocas mujeres en esos cargos”.

Tres niveles de causalidad

En su investigación, Estrella Montes ha entrevistado a numerosos académicos, hombres y mujeres, de diferente categoría y diferente cargo, en la Universidad de Salamanca. “Los resultados de las entrevistas me dan explicaciones en tres niveles. Primero, está el nivel individual, pues dicen que el problema está en la mujer: ella es la que decide que no quiere acceder a esos puestos, que se conforma con un puesto inferior, o ella, por como ha sido educada, tiene menos ambición, tiene menos confianza en sí misma. Este tipo de explicaciones aparecen tanto en el discurso de hombres como de mujeres”.

Luego, prosigue, “en el lado opuesto, están todas las explicaciones que dicen que el problema está a nivel social: fundamentalmente, no hay distribución de las tareas domésticas ni del cuidado de los hijos a nivel de las familias, esto corresponde a las mujeres y afecta sus carreras, podría pasar en la academia y en cualquier trabajo”.

El tercer nivel corresponde a “las explicaciones que dicen que el problema está en la universidad, con el diseño de la carrera. En España la carrera es docencia, investigación y gestión, y esa carrera está mal diseñada y está pensada por hombres. También hay explicaciones que tienen que ver con que se da diferente valor a la mujer que al hombre dentro de la universidad. Hay ejemplos de micromachismo, de cómo el hombre presenta su superioridad por sobre la mujer, hay ejemplos también de discriminación clara (no se seleccionó al mejor, sino al que se quiso)”.

Añade Estrella Montes que “en mi tesis han cobrado un peso muy importante las explicaciones de la desigualdad de género que tienen que ver con los procesos de selección, en el sentido de que en general se promociona a las personas que queremos, a los que mejor nos caen, las que más favores nos hacen o nos van a hacer. Pongo el ejemplo de un profesor que sea catedrático, que tenga muchos doctorandos, y una vez que esos doctorandos acaben la tesis doctoral los quieran meter al departamento para hacer un grupo de investigación grande y adquirir poder; entonces, en este tipo de relaciones se ejerce influencia para que esas personas sean seleccionadas. Se habla de manera general sobre esto, y muchas veces las mujeres se refieren a que en ese contexto se promociona a los hombres, ya que quienes son catedráticos mayoritariamente son hombres y van a promocionar a otros hombres y no a mujeres”.

Soluciones

Sobre si es posible proponer soluciones tras su investigación, aunque no sea el objetivo de la tesis, la doctoranda señala: “El año pasado me invitaron a hablar sobre este tema en el Parlamento Europeo, y les dije que si nos centramos en que el problema está en la mujer o que el problema está en la sociedad, desde el Parlamento Europeo pueden hacer políticas para afectar al ámbito social, aunque eso es más difícil. Sin embargo, hacer políticas que influyan en la universidad es relativamente sencillo. Si hay ejemplos de micromachismo, si hay ejemplos de discriminación, hay que poner los mecanismos para que las mujeres se empoderen y sean capaces de, cada vez que esto ocurre, denunciarlo, rechazarlo, hacerlo público, hacerlo visible, para que todo el mundo sea consciente de que el problema está ahí”.

La idea sería, entonces, “hacer los mecanismos para que ellas estén seguras, y no sólo para que estén seguras de denunciar, sino para que estén seguras de que no van a tener repercusiones por hablar de cómo se las está tratando. No sólo en el caso de discriminación directa, como en el caso de que le den una plaza a un hombre que correspondía a una mujer, sino desde tener que soportar comentarios y chistes machistas que no vienen al caso, y que te están indirectamente diciendo que tú no vales para el trabajo o que eres menos. En todas estas situaciones, se puede trabajar para que la mujer se empodere. Se puede hacer un diseño de la carrera en el que la maternidad no suponga un problema, porque en mis entrevistas me dicen que la maternidad se ve como un problema, que una mujer que no tenga hijos puede competir relativamente en igualdad de condiciones con un hombre, pero si tiene hijos ya no puede hacerlo. Entonces, es que la carrera no es neutral al género, porque si fuera neutral esto no influiría”.

Reclamos minimizados

Según señalan las mujeres, en muchos casos cuando se quejan de una situación de discriminación, sus argumentos son minimizados con frases como “está con la regla” o “le falta marido”. Al respecto, la profesora Montes indica que “ese tipo de afirmaciones apuntan a que el problema está en la mujer: si se queja de algo es cosa suya y no le hacemos caso. Lo que pasa es que nadie renuncia a sus privilegios de manera fácil; entonces, cualquier argumento que cualquier mujer utilice para hacer visible su situación, ellos van a tratar de contrarrestarlo”.

Por ello, destaca, “¿qué es feminismo?: feminismo es igualdad, ni más ni menos, igualdad entre hombres y mujeres. ¿Qué es lo que hacen ellos?: pues darle la vuelta. Incluso ahora está muy de moda el término feminazi: esas mujeres que quieren poner sus derechos por encima del hombre y que el feminismo es lo contrario al machismo, cuando no tiene nada que ver. Muchas veces se hace de manera más sutil: dicen que no creen en el feminismo pero sí en el igualitarismo. No es válido: es un argumento para desprestigiar mi ideología precisamente para quitarme la razón”.

Princesas y campeones

Asimismo, comenta Estrella Montes, “entre las explicaciones que ponen el peso de la desigualdad en la sociedad, hay algunas personas que dicen que esto es así por razones históricas: la mujer entró tarde al trabajo y por eso no ha llegado. Y hay estudios que siguen que si seguimos esa tendencia, no llegaremos sino hasta el 2200. Entonces, está claro que no es sólo por eso, sino que hay más cosas que impiden. Pero nadie renuncia a sus privilegios libremente”.

Y luego, dice, “hay otra cuestión: quién nos educa. Yo siempre pongo de ejemplo a mi madre, que tiene cosas muy feministas, pero me educó en la desigualdad, no en la igualdad. Veamos cómo educamos a los niños y cómo estamos reproduciendo estereotipos. Un ejemplo que yo vivo en el garaje de mi casa: una pareja de vecinos tienen un niño y una niña pequeños, que son mellizos; cada vez que se bajan del coche, oigo: ‘abajo campeón, abajo princesa’. Si seguimos educando princesas y campeones, seguiremos teniendo una sociedad de princesas y campeones. Lo que pasa es que luego las princesas dejan de serlo y se ocupan de todas las tareas laborales e intentan hacer una lucha que tiene sus limitaciones, y los hombres siguen siendo campeones, en cualquiera de los ámbitos, con ese reconocimiento de que son niños hasta que se mueren, por decirlo así. Entonces es cuestión de ver cómo se nos está educando”.

Otro punto que destaca la académica es que “para ver la desigualdad de género también hay que tener educación. Yo sigo estudiando el tema y cada vez veo más desigualdad, y cuando empecé la tesis no la veía. Veía la desigualdad como más macro, pero no la veía en cada detalle. Antes, por ejemplo, escuchaba canciones o veía series o anuncios en la televisión, y muchas veces no veía la desigualdad. Y cada vez veo más desigualdad en las canciones, en los video clips, en los anuncios… Incluso muchas veces hay programas que tratan de empoderar a la mujer y que reproducen cuestiones que hacen lo contrario”.

Estrella Montes está viviendo la última de sus seis semanas en Chile, desarrolladas gracias a una beca de intercambio en el extranjero convocada por la Universidad de Salamanca, con universidades con que hubiera convenios, cual es el caso de la UV. Su contacto fue la doctora Elisabeth Simbürger, académica del Instituto de Sociología, quien la acompañó a dar una charla en la Universidad de Chile, en Santiago. La charla que dictó en la UV se tituló “Desigualdad de género en la carrera académica: del foco en la mujer a la universidad como problema”.

Fuente: UV