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Cuando la astronomía puede conducir al amor de la vida

Astrónomo nacido en Arica, ex estudiante del Liceo A5, realizó charla de divulgación en las aulas que lo vieron crecer, como parte del Proyecto EXPLORA PAR UTA, la Fundación Planetario y la Sociedad Chilena de Astronomía—SOCHIAS, que buscan difundir y divulgar la ciencia y tecnología entre la comunidad escolar.

“Volví. 1995-2016”. Fue la corta frase que escribió Aldo Valcarce en una pizarra del Liceo A5, el mismo lugar que frecuentó durante los años que estudió en Arica, su ciudad natal. Ahora volvió como astrofísico, a conversar sobre los insondables misterios del universo que está sobre nuestras cabezas, con los estudiantes que más de algún recuerdo le trajeron de su historia de años atrás.

Desde la navidad que no volvía a casa, a regalonear con sus padres y ocupar su cama donde alguna vez albergó sueños que hoy son realidad. A comer lasañas y pollo asado, como nadie lo prepara mejor que su madre, y a correr por la playa libre y feliz con aire puro, difícil de experimentar en la capital donde radica.

Aldo Valcarce partió su itinerario en el jardín infantil Los patitos, cerca de su casa en Chapiquiña con Loa, donde aún vive su familia. Continuó en la Escuela D18, luego Liceo Integrado y Liceo A5. En Santiago estudió licenciatura en astronomía en la Universidad Católica; luego un doctorado en astrofísica, el que le permitió viajar a hacer pasantías a Inglaterra, en la NASA; a Estados Unidos y Brasil, desde donde volvió casado con una colega.

Hoy, además de estudiar un post doctorado Fondecyt en la Pontificia Universidad Católica de Chile, participa activamente como miembro de la Sociedad Chilena de Astronomía y trabaja en el Instituto de Astrofísica con sus propios horarios, decidiendo qué días trabajar y qué días no, ya que cumple metas y a veces es necesario ocupar sábado y domingo hasta en la noche.

Entre su charla “Desde Chile a las fronteras del universo”, fotos con alumnos y algunos espacios físicos de su ex liceo, Aldo Valcarce deja el último punto de la agenda para conversar de la vida, en una tarde en que hasta la luna apareció a saludarlo.

De los 230 astrónomos en Chile se siente honrado por ser uno de ellos, trabajo que lo concentra a tal punto, que a veces se olvida de dimensionar este gran contexto. La carrera que hoy posee alrededor de 500 alumnos, cuenta con una alta deserción y su campo ocupacional está en universidades, observatorios y astroturismo, entre otros.

¿Qué se siente salir de alumno y volver como maestro al mismo liceo?

“Volver al mismo liceo es una sensación muy satisfactoria porque estudié con becas y cada vez que puedo retribuir al país lo hago. Es una gran motivación enseñarle a un niño lo que puede hacer, mostrarles mi experiencia como estudiante de colegio municipal, decirles que ellos pueden llegar lejos si se esfuerzan lo suficiente, tienen la capacidad, motivación y suerte también en las becas, ya que sin ellas es difícil estudiar en este momento”.

¿Cuál es su relación con el universo?

“Cuando veo las estrellas no las veo como ese objeto brillante que titila en el cielo, sino que veo la parte física, si está a punto de morir, si está botando material, digo ésa no es una estrella sino son dos que están girando una alrededor de la otra.

Después de tanto estudiarlas uno se las empieza a aprender de memoria, la parte romántica se pierde un poco al trabajar en esto, la parte apasionada va decantando”.

¿Cuáles son las fronteras del universo?

“Tiene límite visual pero no límite real, en ciencia nunca es algo es tan certero, nuestros estudios dicen que el universo se está expandiendo y hubo un inicio muy concentrado.

Actualmente en Chile tenemos el 44 por ciento de la luz que llega a los telescopios a nivel mundial para hacer ciencia en astronomía. Aquí es donde más telescopios hay y donde más información se entrega. Aunque hay una proyección mayor para el 2030, un 70 por ciento de luz concentrada acá, especialmente en el norte”.

¿Qué zona es la mejor para hacer observaciones en astronomía?

“Depende de la altura, donde hay cordillera de la Costa y de los Andes que impiden el paso de nubes por ambos lados, tenemos buen sector. Hay cordillera de la costa en Iquique del sur de Arica a la Serena, en algunos lugares es mejor que otro.

¿Cómo nace una estrella?

“Es más fácil ver la muerte de una estrella que el nacimiento, se apaga de una forma espectacular, especialmente las de alta masa. La muerte de una estrella es como 20 veces la masa del sol, se ve muy distante, es una de las formas en que los astrónomos chilenos vieron cómo medir distancias, son tan brillantes que a veces opacan a la misma galaxia que las tiene dentro. Las súper novas son mucho más brillantes que una estrella, aparecen una vez y desaparecen. Las novas cambian la luminosidad por diferentes factores, pero siguen estando vivas.

Los chinos registraron una luz que era la mitad de una luna llena, una estrella completamente nueva que apareció en el cielo una noche y daba sombra, eso duró tres meses y desapareció para siempre”.

¿Quiénes les ponen los nombres  a las estrellas?

“Principalmente los egipcios. Los mayores estudiosos de la astronomía son los chinos y egipcios, las pirámides tienen la formación y separación igual que el cinturón de Orión, más conocidas como las Tres Marías. Todas las culturas tienen algo de astronomía”.

Además de las estrellas, ha visto alguno objeto no identificado?

“Soy astrónomo teórico, he usado un telescopio una a dos veces, trabajo con imágenes en modelamiento matemático. Las cosas en el cielo son efectos visuales y uno por desconocimiento no sabe qué cosas son y cree que es un ovni algo que se mueve de un lado para otro, a veces son satélites, a veces aviones.

Una vez me pasó algo, como hago deporte en la noche estaba corriendo con unos amigos y me dicen mira lo que hay en el cielo y era una luz brillante que se movía para un lado y luego para otro. Yo dije no, eso no puede ser un ovni, los ovnis no existen, pero se movía como si fuese una nave espacial, nos quedamos mirando y yo decía que no era un ovni… se movía para todos lados y a medida que fue creciendo nos dimos cuenta que era una bolsa de plástico que volaba por una corriente de aire y la luz rebotaba…”

Aldo Valcarce, con una familia tan grande en Arica que hay tíos que ha saludado apenas una vez, retornó a Santiago cargado de aceitunas azapeñas y de experiencias conocidas como tomarse un café en el Paseo 21 de mayo, subir al morro de Arica y dormir en la cama de su adolescencia, donde soñó que las estrellas no eran el límite.

Fuente: UTA